martes, junio 15, 2010

Hank Kaplan, the sweet scientist

Un campamento infantil de verano en Nueva York y una nariz ensangrentada tras una pelea fueron los detonantes que necesitó Hank Kaplan para descubrir la pasión que le acompañaría toda su vida: el boxeo, o la “sweet science” que diría un entendido norteamericano como él. Tras este primer, y cruel, encontronazo con la lucha se desquitaría en su primer y único combate como profesional en el que se proclamaría vencedor con veinte años de edad. Luego llegaría el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial en la que participó como guarda costas, siguiendo los pasos de su ídolo, Jack Dempsey. A su regreso se trasladó a Miami Beach. Pasaba la mayor parte de su tiempo en el gimnasio de la calle Quinta, allí conocería a un principiante Cassius Clay y a la plana de leyendas del boxeo de los años cincuenta. Después se haría entrenador, manager, promotor de combates, publicista (de los hermanos Dundee y el propio Clay), editor y fundador en los años 70 de la revista especializada World Wide Boxing Digest, colaborador en programas de televisión de la HBO, ESPN y Showtime, pero sobre todo, sería amigo de los más grandes boxeadores: Dempsey, Joe Louis, Rocky Marciano, Henry Armstrong, Jake LaMotta, íntimo de Clay; y de otros menos grandes como Joe Grim que mantiene el record de peor trayectoria profesional de la historia. Todos le interesaban, y de todos guardaba información y recuerdos.

La leyenda del “Señor del Ring”, o de la “Enciclopedia Humana”, como también se le conocía, se podría resumir con las palabras del propio Hank Kaplan: “Si se me preguntara porqué conservo estos archivos creo que diría: Alguien tiene que cargar con su recuerdo.” Y cargó, durante ochenta y ocho años, con más de 2.600 libros, 500.000 fotografías y negativos, 1.200 carteles, recortes, cartas, documentos... hasta cajas de cereales o palomitas con la efigie del púgil de turno. Todo lo guardaba Kaplan en su casa a las afueras de Miami Beach. Hasta que dos semanas antes de su muerte, su hija se pusiera en contacto con Anthony Cucchiara, profesor en la Universidad de Brooklyn, archivista y aficionado al boxeo, para que se hiciera cargo de su legado. Volviendo así la colección a la ciudad que le vio nacer. La donación de cincuenta mil dolares que le concedió Barry Feirstein, presidente de la Fundación de la Universidad de Brooklyn, permitió a Cucchiara y su equipo inventariar las más de dos mil cajas de material recopilado por Kaplan. Pero el espoletazo que necesitaba el archivo vendría de la mano de la Fundación Nacional para las Humanidades (NEH); el 16 de abril del presente año, Cucchiara se proclamaría ganador de los 315.000 dolares de dotación que concede la Fundación. Este dinero permitirá organizar, catalogar y digitalizar la más extensa colección sobre boxeo que existe pudiéndose así cumplir con el expreso deseo de Hank, que todo su archivo estuviera a disposición del público. El Archivo de Boxeo de Hank Kaplan no sólo interesará a los aficionados a la lucha, “la historia de Estados Unidos está en este archivo. El boxeo es más que un deporte. Es la lente a través de la cual se puede observar la historia cultural de Norteamérica” puntualiza el profesor Cucchiara.