miércoles, enero 04, 2006

Panigírico. Estudio pánico número I

Mi propuesta al abrir este blog era–es–escribir un artículo cada día–salvo los fines de semana–. Llevo una semana practicando el deporte de la escritura pública y me he dado cuenta de que no es tan sencillo. Los pensamientos bullen en la cabeza, pero a la hora de pasarlos a este código entendible, algo en mi cerebro repudia tal codificación. El quiere que todo quede ahí, como siempre, que sea una propiedad exclusivamente suya, es celoso. Se niega a que determinadas ocurrencias–vivencias–pasen a ser de dominio público, aunque mi público sea exiguo. Secretos, recelo, complejos. Obsesiones inconfesables–aún–. Es probable que al final todo salga, que cual abuelo flemático escupa todos esos impulsos eléctricos, que les sea otorgada la forma de la palabra. Y que al unirse formen frases, a ser posible, comprensibles.

No todo es expresable en palabras, el lenguaje es un código limitado, y mucho, pese a ser el gran medio de socialización. Existen seres poseídos, tocados por el duende, o para ser más globales, seres que se encuentran bajo el influjo del daimon. Hombres que abrazan el sueño mefistofélico, personas vencidas por la carga de sus pensamientos inexpresables, más allá de la razón. Pocos son los locos que consiguen ser aceptados. Menos los que lo logran en vida. Mi deseo es que mi hermano electo–Raúl–sea uno de ellos. Para ti son estas líneas.

Que el diablo que te posee reviente en tú interior y, unidos, expulséis pieles, notas, danza. El esperma sónico de tus sueños.

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