lunes, febrero 13, 2006

Gracias a Dios

¿Qué lleva a una persona a rechazar el sexo? ¿Qué proceso físico o mental puede haberle llevado a estigmatizar el culmen de la evolución en la Tierra: el placer?

Según la doctrina católica estamos en este mundo para sufrir –el famoso “valle de lágrimas”–, identificar placer con pecado, risa con malevolencia. La vida verdadera comienza a partir de la muerte, nos “obligan” a vivir una vida muerta. Esta es la carga –cruz– que ha impuesto a millones de personas durante siglos una jerarquía para mantener su poder. Fabricando castrados incapaces de derribar sus barreras mentales, impidiéndoles utilizar su cerebro, su pensamiento, en libertad.

Dominar a la humanidad por medio de una abstracción metafísica indemostrable, aprovechándose de la debilidad –comodidad– para pensar autónomamente de la mente humana, alimentada por los doctrinarios del pecado, los “bipolares” del bien y del mal, de la irrealidad, del ocultamiento, de la mentira instaurada como dogma, como única Verdad (exclusiva).

Fomentar por medio de sus ministros y embajadores –la familia lo realiza de forma altruista– la transmisión y aceptación del pecado. La educación en el pecado, el adoctrinamiento, la dominación por ocultamiento, el tabú. Mantener a la gente en la ignorancia para que la elite de turno –la jerarquía eclesiástica– nos dirija, y nosotros agradecidos por facilitarnos los parámetros con los que comprender el mundo –y más–, agradecidos por sus “cuidados”, por favorecer una existencia –mental– cómoda –vacía–.

Quizás, una vez derribadas las barreras, meditado el concepto de pecado, nos demos cuenta de que no necesitamos dioses, y mucho menos hipócritas emisarios divinos que dirijan nuestras vidas.
Angel Martín

3 comentarios:

Josean dijo...

Para mí el pecado consiste en dañar deliberadamente a los demás. Incluso llamaría pecado a atentar contra mi persona, aunque estuviera en un plano distinto al anterior. Los únicos dogmas que existen son los del mutuo entendimiento: cada uno pone los límites donde quiere. Incluso, a veces, no los hay.

Anónimo dijo...

Según tengo entendido los curas y obispos se podían casar hasta el siglo X u XI, incluso hubo papas hijos de papas. El motivo entonces para imponer el celibato fue evitar que los hijos de los obispos heredaran las propiedades de la Iglesia. A partir de ahí el poder de la Iglesia aumentó muchísimo.

Angel Martín dijo...

Gracias, por la información. Que amor a la propiedad el de la Iglesia.